¿Por qué funciona GTD?

GTD funciona porque es compatible con el funcionamiento de nuestro cerebro.
  
GTD funciona porque propone hábitos (buenas prácticas repetidas) basados en principios universales que «respetan» el funcionamiento de nuestro cerebro.

GTD propone que la herramienta básica sobre la que debemos trabajar es nuestro cerebro.

Vaya, la palabra cerebro aparece con mucha frecuencia por aquí. 

Durante mucho tiempo hemos estado recibiendo consejos bienintencionados que no cumplían con esos tres requisitos. Entre otras cosas nos han dicho que debemos:

  • diferenciar entre lo urgente y lo importante.
  • diferenciar entre lo personal y lo escolar/profesional.
  • planificar más y a más tiempo vista.
  • saber antes de irnos a dormir qué es lo primero que vamos a hacer mañana.
  • aprender a gestionar nuestro tiempo.

Las buenas intenciones se agradecen, pero por sí solas no hacen que las cosas funcionen. Tampoco promueven ni en nosotros ni en los demás cambios duraderos. Debemos ir un poco más allá.

Por muy lógicas y razonables que suenen, las buenas intenciones suelen pasar por alto un elemento fundamental: que algo suene bien o parezca coherente no implica que sea verdadero. Podemos dar por cierto el hecho de que un problema de organización se puede solucionar con una planificación más rigurosa. O podemos seguir afirmando que el tiempo es un recurso que se puede gestionar, como el dinero o un trozo de tela. En ambos casos es muy probable que estemos equivocados. Y no solo eso, también corremos el riesgo de que cuanto más nos empeñemos en seguir esos consejos bienintencionados más nos alejemos de lo que queremos perseguir. 

Intenciones vs principios

GTD no necesita acudir a las buenas intenciones porque se basa en principios. Los principios se parecen a la estructura de una casa, que no se ve pero está. Y hace que todo lo que se ponga después funcione. Podemos debatir sobre dónde ponemos los tabiques o sobre el color de las cortinas porque confiamos en que la estructura va a aguantar bien tanto a unos como a otras. De igual manera, podemos usar GTD u otra alternativa para  gestionar las cosas de nuestra vida siempre y cuando la “estructura de principios” que hay debajo sea fuerte. 

Algunas pistas para identificar una buena propuesta de «organización personal:

  • Debe ayudarnos a enfriar gran parte de nuestras decisiones. 
  • Es mejor que no hable de “prioridades a priori”, es decir, que no nos diga hoy lo que será prioritario mañana a las 12.15 horas. 
  • No quiere que confiemos en nuestra memoria.
  • Nos pone a la vista cosas que podemos hacer en un momento determinado sin mezclarlas con las que no podemos hacer.
  • Dice claramente que decidir subjetivamente cuándo vamos a terminar las cosas es una mala idea
  • Tiene un lugar para tener controladas las cosas a las que no le estamos  dedicando nuestros recursos hoy.
  • Da información en tiempo real de qué llevamos entre manos.
  • Propone cómo manejar mejor las distracciones.
  • “Obliga” desde el principio realizar una revisión/mantenimiento frecuente de “las cosas de nuestra vida”.
  • No nos fuerza a usar una herramienta determinada: una aplicación, un programa  o una libreta concreta.

GTD cumple todos esos requisitos. 
¿Por qué no te animas a conocer un poco más?

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