#coronavirus 6 – Conectados y solos

Se confirma que el confinamiento va a ser largo. Posiblemente hasta principios de mayo no volveremos a las clases presenciales en el instituto. Va a pasar mucho tiempo hasta que las relaciones interpersonales vuelvan a ser como eran. ¿Te acuerdas? Tanto te acuerdas que es algo que ya empiezas a añorar y a echar de menos más de lo que te podías imaginar. Con relaciones interpersonales me refiero a lo que siempre hemos considerado normal: desplazarnos a lugares en los que hay gente con la que hablamos, nos tratamos, intercambiamos cosas, informaciones, gestos, miradas buenas o malas, nos tocamos … Las relaciones entre las personas son importantes porque el ser humano es, antes que otra cosa, un ser social. Necesitamos a los demás para ser nosotros mismos. No somos nadie sin las personas que nos rodean.  Es verdad que a veces nos caen mal o nos molestan. Incluso llegamos a dedicar mucho tiempo a estar pendientes de lo que dicen o hacen para luego criticarlas o, a veces, admirarlas. De alguna manera podemos decir que las personas con las que tratamos cada día nos ayudan a definir quiénes somos. Y nosotros, al mismo tiempo, las ayudamos a ellas. Puede que no lo hayas pensado nunca de esta manera, pero te aseguro que aunque a veces nos creamos que solos estaríamos mejor, esto nunca es así. Claro que necesitamos la soledad en ocasiones, pero no es el estado ideal ni natural en el que más a gusto nos encontramos.

Las relaciones entre las personas son importantes porque el ser humano es, antes que otra cosa, un ser social. Necesitamos a los demás para ser nosotros mismos. No somos nadie sin las personas que nos rodean.

Durante este tiempo que vamos a pasar sin salir de casa, el trato personal, el cara a cara, ha sido sustituido por el trato a través de las pantallas de los teléfonos móviles. ¿Te imaginas cómo serían estas semanas sin Whatsapp y sin Instagram? Cierra los ojos e imagina lo diferentes que serían tus días. ¿A que te has agobiado un poco? Pero créeme si te digo que un uso sin límite de las pantallas nos enfrenta a una nueva paradoja: sentirnos muy conectados y muy solos al mismo tiempo. Ya hemos tratado en este blog alguna que otra paradoja. ¿Te acuerdas de lo que era? Es una situación que nos puede parecer contraria a la lógica e incluso al sentido común.

Lo que hoy te quiero proponer es un reto añadido al que te planteé en la entrada anterior. Se trata de generar encuentros virtuales “de calidad”. Para que no me malinterpretes, déjame que te explique un poco la propuesta. Para ello voy a usar ejemplos personales. Tanto tú como yo formamos parte de un montón de grupos en aplicaciones de mensajería y tenemos cuentas en varias redes sociales. No importa que tengamos una edad muy diferente porque en esto nos parecemos mucho. Yo soy miembro de no menos de veinte grupos en whatsapp y diez en Telegram. Además, tengo cuenta en Twitter e Instagram. De Facebook de momento estoy lejos aunque muy pronto estaré enlazando este blog en esa red social. ¿A que tu realidad es parecida? Esto quiere decir que cuando por la mañana cojo el móvil es fácil que me encuentre con varias decenas, cuando no cientos, de notificaciones y publicaciones de las personas a las que sigo. Y entonces empieza la locura. Vídeo gracioso por aquí, meme por allí, email de un alumno por allá, directo de este influencer a las 10:00, noticia de última hora que no me puedo perder, últimos datos de infectados, penúltimo cotilleo, … Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. Esta manera de funcionar nos lleva a creer que nos estamos comunicando con muchas personas cuando en realidad podemos sentirnos muy solos en medio de tantísimo mensaje. ¿Esto por qué sucede? Porque la comunicación “profunda” requiere tiempo y atención. La comunicación personal de verdad va un poco más allá de “jijijí jajajá” o el “uy qué miedo” en el que nos movemos la mayor parte del tiempo. Contar a un amigo cómo nos sentimos no es algo sencillo pero al mismo tiempo es mucho más importante que  ver y reenviar los cientos de vídeos que nos llegan estos días y estar cinco o seis horas al día dedo arriba dedo abajo en tu cuenta de Instagram. 

Esta manera de funcionar nos lleva a creer que nos estamos comunicando con muchas personas cuando en realidad podemos sentirnos muy solos en medio de tantísimo mensaje.

No me enrollo más y te lanzo algunas propuestas:

  1. Llama por  teléfono “normal” a esas personas con las que más confianza tienes. Atrévete a preguntarles cómo están, cómo se sienten y qué opinión tienen de lo que está pasando.
  2. Llama por teléfono a un familiar u otra persona que no se lo espere. Tal vez un compañero que se fue a otro instituto hace dos años y con el que te llevabas muy bien pero que hace tiempo que no hablas con él/ella. Ya sé que lo ves en su cuenta de Instagram, pero eso es una cosa muy diferente.
  3. Haz una videoconferencia algunos días a la semana con pocas personas, cinco como máximo, para tratar un tema concreto o para contaros cómo ha ido el día realmente.

Mostrar interés verdadero por otras personas es muy reconfortante para las dos partes, tanto para la que pregunta como para la que es preguntada. Un cosa es el contacto ligero y muy superficial de los mensajes de whatsapp o las fotos de Instagram, y otra muy diferente es la comunicación que trata de ir un poco más allá.

Por último, te animo a dejar aquí tus comentarios.

Ánimo.

Seguimos en contacto. 

Photo by Ian Espinosa on Unsplash

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