#coronavirus 4 – Meditar: no hacer nada para hacerlo todo

Paradoja: situación contraria al sentido común y a la lógica inicial que acaba siendo cierta o casi cierta o cierta en determinadas cincunsrancias. La vida real está llena de paradojas aunque no nos demos cuenta. Son muchas cosas las que pasan sin que nos demos cuenta. Te doy un ejemplo muy sencillo relacionado con lo que veíamos en la entrada anterior: si el ejercicio físico y el deporte cansan, las personas que hacen ejercicio físico o deporte deberían estar más cansadas y tener menos energía disponible para el resto de cosas. Parece lógico pero la realidad nos ofrece el resultado contrario: las personas que se mueven con frecuencia muestran más energía vital que las personas sedentarias, Las que se mueven muy poco, solo lo justo y necesario para su día a día, cada vez tienen menos energía y están, paradójicamente, más agotadas. Y así ocurre con muchas otras situaciones. Nuestro cerebro intenta buscarle una lógica inmediata a las cosas que vivimos. Intenta tener una explicación de todo, pero en ocasiones esa primera explicación es equivocada. Yo me equivoco, tú te equivocas, él se equivoca, nosotros nos equivocamos,…

Es lo que ocurre con lo que quiero compartir hoy contigo y que tiene que ver con el título de la entrada: No hacer nada para hacerlo todo. Parece una cosa sin sentido. “¿Me estás diciendo que no hacer nada es una manera de hacer algo? Tú no estás bien de la cabeza”

No vayas tan rápido. Déjame explicarte. Seguramente ya te habrás dado cuenta  de que vivimos una época un poco “loca”. Ya antes de esta crisis provocada por el coronavirus, muchos de nosotros vivíamos con la sensación de estar obligados a estar todo el día haciendo cosas. Entre las tareas que nos mandan (las obligatorias) y las que a nosotros nos gusta hacer cuando no tenemos obligaciones, tenemos la sensación de que la vida no nos da para más. Vivimos la mayor parte del tiempo agobiados, ansiosos, nerviosos, estresados,… Da igual que tengas quince años o unos cuantos más porque se trata de una sensación compartida por la mayor parte de las personas. 

Lo que vengo a proponerte es que intencionadamente y conscientemente dediques unos pocos minutos al día a no hacer nada. Lo repito. Durante unos minutos al día vamos a dedicarnos a no hacer nada. Parece fácil pero no lo es. Lo comprobarás cuando te pongas a ello. De hecho es algo tan complicado que se puede tardar días, semanas, meses o años en desarrollar esta habilidad que se llama meditar. Y desde ahora va a formar parte de nuestra nueva rutina diaria. Esa que te va a ayudar a mantener el rumbo con y sin coronavirus.

Meditación sencilla

¿Cómo explicar algo que en apariencia no necesita ninguna explicación? ¿Acaso no se trata de no hacer nada? Nueva paradoja. Las cosas a veces no son tan sencillas como las queremos ver.

Esta es la práctica que te propongo:

  1. Debes estar solo/a.
  2. Siéntate en un lugar cómodo pero no demasiado. Si mantienes sin problemas la postura de estar en el suelo con las piernas cruzadas, perfecto. Si no, te vale una silla, un escalón, un taburete o el borde de la cama.
  3. Cierra los ojos.
  4. Pon tu atención en tu respiración. Desde este momento solo existe tu ombligo, que sube cuando inspiras y baja cuando espiras. No hace falta que respires de una manera especial ni muy profunda. Mantén ese ritmo y esa atención durante tan solo dos minutos. Puedes poner un temporizador en tu móvil, pero déjalo a unos metros de distancia. No lo tengas a mano.

No soy mago, pero ya he adivinado lo que te va a pasar. Enseguida tu mente (la actividad de tu cerebro) va a empezar a “traer” cosas: imágenes, personas, tareas que tienes que hacer, cosas que no has hecho, miedos. sueños, esperanzas, …, mil cosas. Y la reacción inmediata es “engancharte” a esos pensamientos que llegan como aparecidos de la nada. Si te sorprendes “marchándote” con esos pensamientos tan solo debes hacer una cosa: vuelve a poner tu atención en la respiración, en tu ombligo que sube y baja. Al principio parecerá una lucha permanente entre dos cerebros. Uno que no puedes controlar y otro que trata de mantenerlo a raya. No luches. Si “luchas” intentando que esas imágenes y pensamientos no aparezcan lo único que vas a conseguir es que se hagan más grandes. Déjalos que se vayan. Si les prestan atención a ellos, se quedarán. Si pones tu atención en la respiración, se marcharán, porque solo pueden “existir” si les das tu atención, tu recurso más valioso. 

El objetivo es conseguir que esos dos minutos (luego serán tres, cuatro, …, hasta diez o quince) formen parte de tu nueva rutina diaria. No solo mientras dure el confinamiento por el coronavirus sino durante toda la vida. Te ayudarán a parar tu mente, a relajar tu sistema nervioso, a regular el funcionamiento de algunas de tus hormonas,… , pero no me quiero enrollar con eso.

Advertencia

Al principio es posible que tengas efectos contrarios a los que te acabo de comentar. Es posible que hasta tengas más nervios. Es normal. Sería algo parecido a las agujetas que nos salen cuando hacemos un ejercicio por primera vez. Por eso es importante que te des más oportunidades para que notes los beneficios. Estamos muy acostumbrados a que todo sea inmediato y a obtener los resultados ¡ya! pero sabéis que eso no siempre es posible.

Ánimo.
Espero vuestros comentarios.
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2 Comentarios

  1. Juan Ignacio Beltrán Carrillo 25 marzo 2020 at 15:12

    Comparto esa recomendación. Si das el paso…si te atreves a hacerlo… será como frenar la lagartija que llevas dentro por un momento, por unos instantes y que parezca más un camaleón.
    Si eres capaz de practicar un poco durante varios días… tendrás una sensación muy placentera; como que la lagartija que llevas dentro no te molesta tanto.

    1. admin 25 marzo 2020 at 18:30

      Hola Nacho.
      Gracias por el comentario.
      Cuesta al principio pero la tranquilidad merece cualquier esfuerzo.
      Un abrazo.