Peor para ellas

Me resulta extraño sentarme a escribirte después de terminar la serie de entradas en las que me he dedicado a explicarte una nueva manera de gestionar las cosas de tu vida con GTD. Empecé el 1 de diciembre y más de dos meses después recupero una de las razones que me puso delante del teclado la primera vez: la necesidad urgente que tenemos todos de aprender a convivir adecuadamente con los avances tecnológicos. Me refiero sobre todo a nuestros teléfonos móviles y su conexión permanente a internet

La situación es compleja porque no sigue la secuencia lógica a la que estamos acostumbrados. Normalmente hay alguien que sabe algo y se lo enseña a quien no lo sabe todavía. A veces este proceso se produce de manera forzada y obligatoria como ocurre en los colegios e institutos a los que los alumnos van porque les obligan sus familias y la ley. Otras, es algo voluntario, como cuando recibimos clases de tenis porque nos queremos parecer a Roger Federer (Disculpa si hubieras preferido ver ahí el nombre de Rafa Nadal, pero es que uno tiene sus gustos). En ambos casos se supone que el maestro conoce algo que el alumno quiere o se supone que debe aprender. Pero, ¿qué ocurre cuando ambos necesitan un maestro que no existe? Y esa es la situación en la que nos encontramos.

Hace unos años, el biólogo estadounidense Edward Osborne Wilson nos puso sobre la pista cuando comentó que “el verdadero problema de la humanidad es el siguiente: tenemos emociones del paleolítico, instituciones medievales y tecnología propia de un dios. Y eso es terriblemente peligroso». Para ayudarte a entender un poco mejor esta frase, te explico a qué se refiere cada una de sus partes:

Emociones del paleolítico: apenas hemos cambiado desde hace miles de años. Por supuesto que nuestra evolución como especie no se ha detenido, pero es un proceso mucho más lento de lo que nos podemos imaginar. Cuando tu cerebro percibe el globo rojo de notificaciones de whatsapp, siente lo mismo que el de tu abuelo lejano cuando deambulando por el bosque hace cincuenta mil años veía una fruta roja: necesidad de saber si se trataba de algo valioso y podría servir de alimento. Un impulso casi irresistible que tenía y tiene un único objetivo: tu supervivencia. El alimento sí es esencial para seguir con vida, pero entrar a whatsapp cada vez que a alguien se le ocurre enviarte algo no es tan importante. ¿O sí? No, pero sí. ¡Qué lío! Cuando tu última foto en Instagram no recibe tantos corazones como a ti te gustaría, lo que tu cerebro percibe es un rechazo parecido al que percibía ese mismo abuelo lejano cuando lo apartaban de su tribu y lo abandonaban porque ya no era buen cazador. De nuevo estaba en juego su supervivencia, pero, ¿y la tuya?

Instituciones medievales: nuestras formas de organizar la convivencia en sociedad también son dinámicas y se adaptan con lentitud y no pocos problemas a las nuevas realidades. Estudia un poco el pasado siglo XX y te harás una idea de lo que te estoy contando. ¿Será la sociedad igual cuando los ordenadores tomen parte de nuestras decisiones, los robots hagan gran parte de nuestro trabajo y una parte de la humanidad haya sido “mejorada” mediante manipulación genética o la implantación en el interior del cuerpo de dispositivos digitales y también interconectados ?

Tecnología propia de un dios: ¿con qué ojos mirarían los romanos del siglo I a un ciudadano cualquiera del siglo XXI que pudiera viajar al pasado con su smartphone y grabara un vídeo que pudiera ver al instante el emperador que estuviera de campaña a las puertas de la aldea de Astérix? ¿Acaso a sus ojos no parecería algo propio de poderes sobrenaturales, propio de los poderes que hemos atribuido siempre a los dioses?

Todas esas inquietudes referidas a la “sociedad”, la “humanidad» o la “gente” en general también afectan a individuos con nombre propio como tú. Pablo Benito. Sofía Sánchez. David González. Marta Serra. Tú, Yo. Y no hay que esperar mucho para ver las consecuencias porque algunas ya están aquí. Comparto contigo un fragmento del libro que estoy leyendo y que en español lleva el título “La transformación de la mente moderna – Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso” (traducción libre):

“La investigación sugiere que la rápida expansión de los smartphones y el uso de redes sociales en la vida de los adolescentes, que empezó sobre 2007, podría ser una las causas de la crisis de salud mental que empezó sobre 2011 (…) La investigadora Twenge sugiere que hay dos actividades que se relacionan con fuerza con depresión e ideas suicidas: uso excesivo de dispositivos móviles (teléfonos y tablets) y ver en exceso la televisión (…) Por el contrario hay cinco actividades que tienen relación inversa con estos problemas: ejercicio físico y deporte, participar en servicios religiosos, leer libros, hacer tareas escolares y las relaciones sociales en persona.”

Las chicas están sufriendo más que los chicos porque se ven má afectadas por las comparaciones sociales. (…) Es PEOR PARA ELLAS. 1 de cada 7 estudiantes universitarias en EEUU percibe que tiene problemas psicológicos en contraposición a 1 de cada 18 unos años antes. (…) En las redes sociales LAS CHICAS NUNCA SE ESCAPAN.

Dos de los problemas principales que afrontan los jóvenes tienen que ver con dos miedos:
“MAPA”: Miedo a perderse algo. FOMO en inglés (fear of missing out).
“MASA”: Miedo a ser apartado. FOBLO en inglés (fear of beeing left out).

Algunas estrategias útiles para evitar parte de estos problemas son:

  1. Elimina por completo las notificaciones. Tanto los sonidos como los globos que salen en pantalla. Deja solo el de las llamadas perdidas.
  2. Establece lugares y horarios libres de tecnología. Aunque suene a locura el teléfono no debería entrar en tu dormitorio desde tres horas antes de irte a la cama.
  3. Habla con tus amigos acerca de vuestro posible “enganche”. Proponed retos de pasar tiempo juntos sin llevaros el móvil.
  4. Activa la acromatopsia. Se trata de poner la pantalla en blanco y negro. Obtendrás las mismas ventajas del uso del dispositivo pero tendrás menos tentaciones causadas por vistosos colores.

Seguiremos profundizando sobre estas cuestiones.

Que pases un buen día.

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