Mi profe es gilipollas

Y ese profe puedo ser yo, así que no te preocupes por si te he escuchado decir eso de mí. Esta vez no habrá represalias.

Hoy te traigo un ejemplo acerca de una idea que padres y profesores tenemos clara desde el principio: muchas cosas de las que te decimos te parecen una gilipollezForrest Gump decía que tonto es el que hace o dice tonterías, así que es normal que gilipollas sea el que dice o hace gilipolleces, que viene a ser lo mismo.

El ejemplo me lo regaló hace unos años Conor Neill en una entrevista de la que aprendí mucho y que he vuelto a escuchar varias veces. Tuvo un profesor de biología que dedicaba los últimos minutos de cada clase a que sus alumnos escribieran un diario personal. Se trataba de algo sencillo. Tan solo debían escribir la fecha, la hora y el lugar, para después añadir lo que ellos quisieran. No había reglas. Se trataba de un ejercicio básico de escritura espontánea. Además, no había que entregar lo escrito al profesor para que lo “corrigiera” y le pusiera una nota. Como te puedes imaginar, a todos ellos aquello les parecía una estupidez, sinónimo educado de gilipollez. Y por lo tanto aquel profesor era, entre otras cosas, un estúpido.

Conor Neill cuenta que las primeras veces no sabía qué demonios escribir durante esos minutos. Solía poner cosas del tipo “A mi profesor se le ha ido la cabeza” o “Menuda manera de perder el tiempo”. Pasados los primeros días, empezó casi sin darse cuenta a redactar cosas acerca de su vida, de sus problemas, de sus intenciones, de sus dificultades, de sus sueños. Frases como las anteriores empezaron a ser desplazadas por otras del estilo a “Hoy he tenido un problema con mi hermano que…” o “No sé si voy a ser capaz de decirle algo a…” Lo que a primera vista parecía algo sin sentido, empezó a convertirse en un hábito que le ayudaba a:

  • Conocerse mejor a través de un diálogo habitual consigo mismo.
  • Afrontar mejor algunas situaciones que le incomodaban.
  • Identificar problemas que requerían ponerse en marcha para solucionarlos.
  • Desarrollar su capacidad para expresar con palabras cuestiones que todos llevamos dentro y que muy pocos saben mostrar.

Pasados los primeros días, empezó casi sin darse cuenta a redactar cosas acerca de su vida, de sus problemas, de sus intenciones, de sus dificultades, de sus sueños.

Conor no sabe qué utilidad encontrarían sus compañeros a esa “estúpida” tarea que su profesor de biología les obligaba a hacer cada día, pero sí sabe que para él fue un regalo convertido ahora en un hábito que sigue practicando cada día y que hace que su vida sea mejor.

¿A ti qué te parece? Puedes dejar tu opinión en los comentarios.

No todo lo que decimos los padres y los profes deja la huella que dejó aquel profesor en nuestro invitado de hoy, pero no dudes de que lo hacemos con esa intención. Casi siempre…;-)

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *